¿Cuál es el trabajo que más pueda atontar a una persona? Y encontré 3 respuestas: Cobrador de autopista de peajes, experto de una tienda de Apple y el trabajo de Penny. Como no me gusta tocar las monedas de otras personas y me niego a contribuir a la devaluación de la palabra experto... Aquí me tienes.
Jimmy: Por cierto, tú cuando ayunas así como hoy, por los pobres... ellos, ¿cómo lo notan? Cura: Por el cuerpo místico de Cristo. Jimmy: Ya. ¿Y no sería mejor que le dieras a los pobres lo que no te comes tú? Cura: Ese es otro apartado, por así decirlo. Eso es la Santa Limosna. Jimmy: Ya. Esta mañana he pregonao lo que me has dicho. Eso de que Dios es uno y Trino. Yo creo que no he ha enterado nadie de lo que quería decir. Cura: Es que para eso está la fe, padre. Jimmy: Me paece a mi que tenéis un cuajo...
En la Historia, escrito en el año 450 A.C., Herodoto dice lo siguiente:
“Si se debe tomar una decisión importante [los persas] discuten la cuestión cuando están ebrios y al día siguiente el jefe de la casa...presenta la decisión para su reconsideración cuando están sobrios. Si aún así la aprueban, se adopta; si no, se abandona. A la inversa, toda decisión tomada en estado de sobriedad, se reconsidera posteriormente cuando están ebrios."
Una fría mañana de hace 120 años atrás, en la oficina postal de Albany, New york, los trabajadores que se encontraban catalogando las bolsas del correo hallarían un paquete muy particular. No era una carta, ni mucho menos una encomienda, sino que se trataba de un cachorro que, por alguna razón desconocida, terminó durmiendo en medio de una pila de bolsas de correo ferroviario.
Owney sería llamado, y se criaría entre paquetes y bolas con sobres y notas. Rápidamente descubría que los trenes eran un excelente refugio al frío neoyorquino. Refugio que, curiosamente, siempre lo hacía despertar en un lugar distinto del que se había ido a dormir. No obstante, no importaba cuan lejos terminase de la oficina en Albany. Owney siempre encontraba el camino de vuelta. Viendo esto, los trabajadores decidieron ponerle un collar y una chapa identificatoria.
Pasarían los años y los cientos de viajes y prontamente la historia del “perro de la suerte”, título que obtuvo ya que ninguno de los trenes en los cuales viajó sufrió accidentes o atracos, correría por todas las estaciones. Eventualmente se haría costumbre el ponerle una medalla o etiqueta de correo indicando el lugar por el que había andado en su travesía. Tarea simple gracias a su carácter amistoso y festivo.
Sin embargo, sus aventuras no sólo se confinarían a los trenes ni al territorio de los Estados Unidos, sino que llegaría subirse en barcos a vapor y, junto al correo internacional, llegaría a conocer Asia y Europa. Siempre siendo enviado de nuevo a su hogar gracias a su medalla indicándolo como “Propiedad de la oficina postal de Albany”.