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jueves, 21 de febrero de 2008

Boulder en Omán

A veces... casi todo el tiempo... siempre, uno ha de buscarse la vida. Solucionar los posibles inconvenientes de tu situación, de tu circunstancia, y adaptarse a la marea del día a día, que te balancea, sí, con cada giro, en cada esquina, pero que unos pocos, y gracias a ellos el resto también podemos, aprenden a navegar, a sortear, a sacarse las castañas del fuego. Por supuesto, en el mundo del búlder también sucede. Y cuando "la plata" no da para viajar y probar, viajar y probar, y seguir viajando, toca improvisar.

Chuck Fryberger es un estadounidense que, como reconoce, no "padece" una economía boyante. Y se puede aprender a vivir con lo necesario, pero ¿qué ocurre cuando la necesidad está intimamente ligada a la sed de viajar y descubrir? Pues que no sólo se aprende a vivir con lo mínimo, se aprende a sacarle el máximo partido a cuantos elementos nos rodean, siendo el más útil (y, ojo, también uno de los más peligrosos) Internet. "Siempre había sentido curiosidad por conocer nuevas áreas de búlder, y en especial desde casa, utilizando Google Earth (imágenes por satélites de terrenos y edificios 3D para poner toda la información geográfica del mundo al alcance de tu mano). ¿Funciona? Pues, a veces".

Chuck, a través de su método, acabó viajando al Sultanato de Omán, movido por la imagen que se había instalado en su cabeza "Una de las zonas vírgenes de búlder más grandes que haya visto".

Su investigación en Google Earth mostró un área con cantos "realmente monstruosos", concentrados en una zona cercana al Selma Plateau, una región de excelente caliza situada a unos doscientos kilómetros de Muscat, la capital y la ciudad más populosa de Omán (en la costa sudeste de la península Arábiga, limítrofe con los Emiratos Árabes Unidos). Tras analizar minuciosamente las imágenes por satélite y estudiar las características geológicas del lugar, Chuk se decidió a invertir el dinero de sus vacaciones. "Estaba seguro de que existiendo bloques gigantescos, también tenía que haberlos de menor tamaño, perfectos para la escalada. Compré mi billete e hice realidad la vieja empresa de hacer con mi dinero lo que me viniese en gana".

Su primera acción fue organizarlo todo. No podía invertir en equipo extra, ni su economía le permitía lujos, así que agarró su crashpad, un equipo completo de fotografía, un trípode, material de acampada y ropa, todo teniendo en cuenta las exigentes normas de los vuelos a Omán. "Tuve que quitar toda la espuma de los crashpads y, después, no pude cargarla, por lo que decidí comprar espuma nueva al llegar y reconstruir las colchonetas como pudiese".

Por lo demás, el vuelo a Omán transcurrió sin complicaciones. "Opte por hacer escala en Londrés, para ver la ciudad, una obra en el Theatre District, y para beber cerveza".

Al llegar a Omán lo primero era coger el Jeep y buscar espuma, lo que le llevó más de dos horas en el mercado local. Reconstruyó sus crashpads y, ahora sí, estaba todo dispuesto para explorar la región, con sus páginas impresas del Google Earth como guía. "Creo que el vídeo puede contar perfectamente el resto de la historia".



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