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martes, 25 de agosto de 2009

Reforzamiento variable aplicado a las relaciones

Todos nosotros hemos visto como algunas personas, de forma inexplicable, continúan con sus esposos o compañeros que las maltratan. Normalmente pensamos que esto le ocurre a una mujer, se enamora de alguien que es bronco, desconsiderado, egoísta, incluso cruel, y aun así lo quiere, pero también les ocurre a los hombres. Todos nosotros conocemos a alguien en estas circunstancias, que cuando se divorcia o se ve libre del tirano/a, enseguida encuentra a otra persona igual de dura para sustituirla.

¿Son estas personas, por algún problema psicológico, víctimas permanentes? Posiblemente. ¿Pero no podría ser también que sean víctimas de un programa de reforzamiento variable? Si entablas una relación con una persona fascinante, encantadora, sexualmente atractiva y solícita, y luego de forma progresiva esa persona se vuelve antipática e incluso abusa de ti aunque de vez en cuando te muestre su lado encantador, vivirás esperando esos momentos cada vez más espaciados en los que recibes ese maravilloso reforzamiento: fascinación, encanto, atractivo sexual y divertidas atenciones. Y es una paradoja desde el punto de vista del sentido común, aunque obvio desde el aprendizaje: cuanto más escasos e impredecibles se presentan estos momentos, más poderosos serán sus efectos como reforzadores, y el comportamiento se mantendrá durante más tiempo. Así, es fácil de comprender que cuando una persona se encuentra metida en este tipo de relación vuelve a buscarla en la siguiente ocasión. Una relación con una persona normal, honesta y amable la mayor parte del tiempo, puede resultarle insuficiente al faltar ese excepcional, ansiado y doblemente intenso reforzamiento.

Míralo desde el punto de vista del manipulador: “Puedo tenerlo/a aquí comiendo de mi mano, y haciendo todo lo que yo quiera para mi bienestar y conveniencia, siempre y cuando le dé lo que quiere… de vez en cuando”.


Extraido de ¡No lo mates... enséñale! de Karen Pryor